La historia detrás del Chevrolet Corvette

Ene 05, 2015
Redacción Carroya.com
Chevrolet Corvette
Chevrolet Corvette

Cuando salió, en 1953, con motor de 6 cilindros, tres carburadores y carrocería en fibra de vidrio.

El automóvil deportivo más famoso de Chevrolet y de los Estados Unidos, llegó a la unidad 1,5 millones. Cuando salió, en 1953, con una máquina de solo 6 cilindros en línea pero con tres carburadores y la carrocería en fibra de vidrio, pocos pensaron que este carro sobreviviría. En 1962, los Sting Ray -Split Window- partieron su historia hacia la continuidad.

Se necesitaron 56 años para que el Corvette llegara a los 1,5 millones de ejemplares producidos. No es una gran cadencia la que marcó el crecimiento de este automóvil ícono de la industria de Detroit porque, más que ser un producto estrella de Chevrolet, el Corvette se empaca siempre dentro de la bandera de los Estados Unidos y tiene una representación nacional.

Pero desde sus primeros intentos en las carreras de los años 50 hasta la reciente victoria en las 24 Horas de Spa, el Corvette ha sido mucho más una ilusión que una realidad de grandes victorias deportivas para las cuales fue concebido por Harley Earl y el inmigrante ruso, Zora Arkus Duntov.

Afortunadamente, los Corvette tuvieron -desde el primero hasta el último- unos genes exclusivos y una concepción única que le permiten ser una gran figura dentro de los autos deportivos del mundo, sin el sabor de un clásico de postín, pero sí con valores suficientes para estar clasificado como un carro muy especial, a pesar de tener una visión de clientela de clase media alta y una mecánica que importa piezas del común del almacén de Chevrolet.

La carrocería en fibra de vidrio fue -y es- una diferencia notable. Todos los Corvette usan esa ropa sintética que, a la vez que es una de sus debilidades y dificultades de mantenimiento, al menos en los modelos ya recorridos y que no han recibido la tecnología de la última familia, es su rasgo genético más importante.

Después de la Segunda Guerra Mundial, mientras la economía de Europa estaba en cuidados intensivos, la de Estados Unidos entró a una de sus décadas más pujantes. Sin embargo, los automóviles de Detroit seguían siendo catedrales metálicas en brusco contraste con los pequeños, ágiles y versátiles autos que mandaron los ingleses a buscar mercados donde estaba el dinero. 

Jaguar, MG, Triumph, Allard, Austin, llegaron a los circuitos gringos y barrieron, para no hablar de la superioridad que marcó un Mercedes 300 SL o la impotencia que producían las victorias de Ferrari, Maserati, o Aston Martin en las carreras de alta cilindrada.

Además, cuando no corrían, eran los carros glamorosos para pasear en los bulevares en fila con el jet set del momento.

Aparte de aventuras personales como las de Brigs Cunningham, un millonario que se empeñó en llevar a las 24 Horas de Le Mans unos carros deportivos hechos sobre la osamenta de los chasises americanos, o de los híbridos que surgieron de acoplar motores V8 en finos chasises europeos como el caso de los Allard, no había en Estados Unidos una maquinaria de contrapeso ni en pistas ni en vitrinas.

Con poco éxito, la firma Nash se asoció con la inglesa Healey para hacer un deportivo y ahí fue donde Chevrolet apareció con el Corvette, en 1953, abriendo un espacio que dos años después trataría de seguir Ford con el Thunderbird, pero por caminos diferentes.

Porque el Corvette era un carro de avanzada, mientras que el -TBird- fue un sedán carrozado con mejores líneas. El primer Corvette, codificado internamente como Proyecto Opel, se vio en el Motorama de 1953. Adoptó el nombre del navío más rápido del momento y la bandera de la unión estaba en su escudo. Tenía el motor de seis cilindros en línea conocido como el 'Blue Flame', una fatal caja automática de solo dos velocidades adelante y frenos de campana.

Tal vez lo único rescatable de la mecánica fue la dotación de una hilera de tres carburadores, que aportaban más problemas que caballos. El año siguiente ofrecieron un supercargador para compensar su falta de bríos, pero ni por esas las ventas arrancaron con impulso.

De no ser porque en 1955 introdujeron el motor V8 en toda la familia de Chevrolet, el primero desde la fabricación de automóviles Chevrolet a partir de 1919 y la interferencia de Arkus-Duntov, el Corvette se habría quedado en ese punto histórico, pero irrelevante.

El V8 de 4,3 litros (265 pulgadas cúbicas) acoplado con una caja mecánica de tres cambios le dio la vuelta a la página Corvette, que coincidió con la llegada del Thunderbird de Ford. De ahí en adelante, las ventas caminaron y la familia de los Corvette se fue organizando cronológicamente.

Los de la primera generación van hasta 1962 y tienen entre ellos el mayor valor los del año 63, de los cuales solo se hicieron 300 piezas. En el 57 el motor recibió un sistema de inyección que le daba al motor unos alientos de 283 caballos, con la cilindrada en 283 pulgadas cúbicas, lo cual fue el slogan para decir que era la primera máquina en dar un caballo por pulgada de cilindrada.

En 1958, hubo muchos cambios externos que se sumaron a las cuatro linternas y mucho cromo para lograr el Corvette más pesado de la historia pero a tono con las extravagancias estéticas del momento. Y en el 61 la parte trasera cambió los stops y tomó la forma de un bote, presagio de lo que vendría en la familia C2.

Esta segunda generación aportó el nombre de Sting Ray a la historia y un diseño fuera de lo común con el carro conocido como 'Split Window' (ventana atrás partida), luces retráctiles, suspensión trasera independiente y muchas falsas persianas de ventilación y el hoy legendario motor de 327 pulgadas cúbicas que llegó fácilmente a los 375 caballos.

Junto con frenos de disco en las cuatro ruedas, en 1965 salió el 'big block' que era un motor de 396 pulgadas cúbicas (6.500 cm3) enseguida, 1966, le dejó su puesto a una máquina aún más grande, 427 (6.832 cm3) de 560 caballos, en una versión limitada. Un monstruo.

La generación C3 arranca en el 68 con una carrocería totalmente diferente cuyos rasgos se derivan hasta hoy. Con nariz de tiburón y en la parte trasera con algunos muy remotos rasgos de los Ferrari de Le Mans, su vida se extendió hasta 1982. Fue el chasís que recibió el motor más poderoso de toda su historia, el LS7 454 (7.2 litros) de 425 caballos que se vendió regularmente en 1971.

Un año después, con la crisis del petróleo, los motores se desinflaron y la potencia básica de algunos modelos eran lastimosos 150 caballos.

La modernización del automóvil trajo las generaciones C4 (del 84 al 96) con la variante del ZR1 entre 1990 y 1995 con ayuda de la ingeniería de Lotus y varias ediciones limitadas para coleccionistas. Entre el 97 y 2004 vino la familia C5 con el famoso modelo Z06 y finalmente entre la generación C6 en 2005.

No hay muchos Corvette en Colombia que hayan caminado toda su historia en estas tierras, en contraste con la gran familia de Mustang y Thunderbird que se desarrolló más gracias a sus precios y perfil más popular. Inclusive, recuerdo haber visto uno de los modelos 53 con el famoso motor de seis cilindros y los tres carburadores, las lámparas con protecciones en malla y color blanco, hace bastantes años.

Si alguien sabe de su paradero puede ser uno de los 300 famosos que iniciaron la serie del millón y medio que se conmemora por estos días con nostalgia y pompa en el mundo entero.

El primer Corvette, con las linternas cubiertas por malla, el parabrisas envolvente y el motor de 6 cilindros, sembró más dudas que ventas cuando salió. El Sting Ray, de 1962, especialmente con la carrocería Split Window, fue una revolución a pesar de sus inconvenientes de visibilidad pero le dio la vuelta a la historia. Todos los modelos fueron objeto de modificaciones y arreglos para carreras por lo cual hoy, la historia del Corvette y sus variantes, ya son tema de museo.

Fuente: Revista Motor - www.motor.com.co

 

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